miércoles, 1 de febrero de 2012

Costa Rica (III) Monteverde - Playas de Guanacaste



Tras la magnifica experiencia que supuso nuestra estancia en el volcán Arenal continuamos viaje hacia Monteverde.

Bordeamos el Lago Arenal y atravesamos montañas y valles para llegar a las tierras altas donde está situada la Reserva del Bosque Nuboso de Monteverde. Tuvimos la oportunidad de comprobar in situ el porque del bosque nuboso. Bastante antes de llegar empezó a llover de una manera desaforada  y no dejo de llover en todo el resto del día.

El Lago Arenal, es el más grande de Costa Rica, tiene 84,5 kilómetros cuadrados y produce el 70% de la energía del país. En principio era una pequeña laguna natural, la posterior constitución de un dique lo ha transformado en lo que es hoy.


La gran cantidad de lluvia caída durante el viaje hizo que pudiéramos contemplar imágenes como esta. Un par de aguerridos compañeros tuvieron que emplearse a fondo para despejar la carretera y que pudiese pasar el autobús.


Una vez concluidas las tareas de limpieza, dirigen la maniobra del conductor para sortear la montonera de barro sin peligro. No cabe duda, de que fue una vivencia distinta.

A nuestra llegada a Monteverde, intuimos que había un bosque, si concluimos que era verde y desde luego, era nuboso. Llegamos para comer y el resto de la tarde la pasamos en  el pequeño pueblo de Santa Elena donde visitamos todo lo visítable.

A la mañana siguiente seguía lloviendo un poco, pero había  grandes claros así que con chubasqueros, gorras y paraguas comenzamos con nuestro programa.

Nos adentramos por fin en la Reserva y acompañados por un guia dimos un delicioso paseo por el bosque. Imposible transmitirla paz, el sosiego, los aromas, los sonidos, esa sensación de encontrarnos en un lugar privilegiado, en una especie de paraíso


En algunos rincones del bosque apenas llega la luz.


La   exuberante vegetación campea a sus anchas


Hay multitud de puentes, que permiten observar la selva en todo su esplendor, sin molestar a sus habitantes


Las copas de los árboles, casi al alcance de la mano


Es por la tarde, ha dejado de llover y para unos cuantos comienza la aventura. el viaje incluye un recorrido en el Canopy  (tirolina) más espectacular de Costa Rica 3 km. de cables  dividido en once tramos de distintas longitudes, el más largo de 800 m. que vuelan literalmente sobre las copas de los árboles, aderezado con un tarzan entre el octavo y el noveno que lo convierten en una experiencia irrepetible.


Esta es la escalera para situarse en las alturas.


Hacer fotos en el canopy es un poco complicado, os dejo un vídeo hecho con el móvil y no de muy buena calidad, pero es  el único documento que tenemos.


Esta es otra subida a las alturas pero esta vez es para hacer el tarzan


Mi marido volando sobre la selva costarricense


Aquí el vuelo ya se ha suavizado


Y  ahora ya intentando pararlo









Ahora soy yo la que estoy en la escalera y con la presencia poco deseada de la lluvia












El vuelo sobre la selva esta vez es el mio, ¡no tengo palabras !


¡Es una autentica gozada!


La lluvia arrecia, el vuelo termina. ¡como he disfrutado!
Faltan tres cables. la lluvia no da tregua, la mojadura fue de tal calibre que tuvimos que comprarnos ropa para poder cambiarnos.


 Para terminar tan fantástica jornada visitamos el mariposario


 y el serpentario


Así ha concluido nuestra estancia en el bosque nuboso.


Por la mañana, sin lluvia descubrimos el precioso entorno donde nos alojábamos, era de suponer que con tanta agua tenia que ser un vergel.





En el horizonte el Pacifico, hacia allá vamos.


Un alto en el camino para tomar un café recién tostado


El Pacifico, casi a nuestro alcance, la foto es desde la recepción del hotel.


Nuestro alojamiento


Nuestra área de servicio más cercana. Había otras







                                                                   
El viaje toca a su fin, unas ultimas fotos desde recepción y al autobús camino del aeropuerto, la climatología todavía tenía guardada una sorpresa, vivimos una tormenta con unos vientos huracanados que las palmeras parecían juncos y llovía como si fuera el diluvio universal. Fue tan intensa como breve y cuando embarcamos, Costa Rica nos despidió con un cielo totalmente azul
y un sol radiante.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Mil gracias por vuestros comentarios, me encanta leeros... no siempre puedo contestaros con la rapidez que me gustaría, pero sabéis que antes o después voy a visitaros. Bicos